Los latinos de Washington, desproporcionadamente afectados por el COVID-19, se preparan para la vacuna

Los expertos de salud pública se aprestan para preparar a las comunidades para la vacuna, pero se enfrentan a obstáculos importantes.​

 

Un hombre con una máscara puesta camina frente a un mural el jueves 1 de octubre de 2020. (AP Photo/Jae C. Hong)

Traducido por Kenneth Barger.

Rosalinda Martínez, una migrante mexicana de 47 años que vive en Tukwila, no tiene planes para hacerse la vacuna contra el COVID-19, pese al riesgo elevado de muerte por el virus que corre por su sobrepeso y diabetes.

Martínez dice que cree en una forma más integral de medicina. Trata de controlar la diabetes con su dieta, y cree que lo que le podría perjudicar la salud no es solo contagiarse del virus, sino también dejarse llevar por lo que califica de paranoia colectiva.

No por eso no toma en serio el COVID-19.

Tiene muchos amigos que se han enfermado. Por eso, Martínez lleva una máscara y se queda en casa la mayoría del tiempo. Y usa la meditación para bajar el estrés. Pero, mientras otros miembros de su familia y amigos esperan con ansias su oportunidad de vacunarse, incluyendo sus padres en Ciudad de México, Martínez se propone preservar su salud sin la vacuna.

“Tengo mucho por qué vivir, y quiero estar allí para cuidar a mi nieta”, dijo Martínez en una reciente entrevista.

Martínez no es la única. Una encuesta reciente realizada por Crosscut/Elway reveló que solo el 55% de los residentes de Washington piensa vacunarse. Algunos temen que esta cifra pueda ser todavía más baja en las comunidades más afectadas por el virus, como las comunidades latinas y afroamericanas.

Actualmente, los latinos representan el 34% de casos confirmados de COVID-19 en el estado de Washington, aunque constituyen solo el 13% de la población total. Y los afroamericanos representan el 5% de todos los casos, contra el 4% de la población que representan. A nivel nacional, los norteamericanos latinos, negros e indígenas sufren tasas de mortalidad superiores a las de otros grupos.

En el estado de Washington también, el riesgo de morir del virus es más elevado en las comunidades latinas, negras e indígenas. Según Cifras del Instituto de Estadísticas y Evaluación de Salud de la Universidad de Washington, los mexicanos, centroamericanos y otros latinos en el estado de Washington tienen probabilidades seis veces mayores de morir del virus. Según el Instituto, las cifras de Washington figuran entre las peores del país con respecto al impacto del COVID-19 sobre los latinos. Las posibilidades de morir a causa del virus son más altas solamente en Washington, D.C.

El Dr. Leo Morales, director de diversidad de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, explicó que las razones por las que los latinos corren mayor riesgo de contagiarse y morir del virus, especialmente en el estado de Washington, son complejas, pero incluyen factores tales como formar parte de una gran población de trabajadores agrícolas, vivir en viviendas multigeneracionales y de alta densidad y padecer enfermedades crónicas sin tratar.

No obstante las altas tasas de enfermedad, el índice de vacunación suele ser generalmente más bajo en estas mismas comunidades. Según la Kaiser Family Foundation, en la temporada de influenza de 2018-2019, por ejemplo, el 49% de los blancos recibieron la vacuna, contra 39% de afroamericanos y 37% de latinos.

Los que están al frente del esfuerzo por contener el coronavirus quieren que el mayor número posible de personas reciba la vacuna, porque se necesita una tasa de vacunación de aproximadamente 70% para conseguir la llamada inmunidad de grupo, el punto en el cual poblaciones enteras son protegidas contra una enfermedad.

India Ornelas, de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Washington, ayudó a realizar una encuesta sobre COVID-19 durante el verano con 145 migrantes latinas que viven en el condado de King. Los investigadores concluyeron que solo un 23% de las participantes se habían hecho la prueba, en parte porque no sabían dónde conseguirla o estaban preocupadas por el costo, factores que podrían afectar también la decisión de si vacunarse o no.

Según Morales, aunque la parte sur del condado de King, donde vive una población latina importante, fue más afectada por el COVID-19 que el norte de Seattle, era más fácil conseguir la prueba en el norte de Seattle, porque el área ya contaba con instalaciones e infraestructura de salud establecidas.

La semana pasada, Salud Pública de Seattle y del Condado de King anunció planes de invertir $7 millones para establecer dos sitios de vacunación de alto volumen en el sur del condado tan pronto como el 1 de febrero. Las autoridades del condado también tienen planes para ayudar a abrir cinco unidades móviles de vacunación. La meta es administrar un total de 16,000 dosis de vacuna por día.

Las unidades móviles y temporales ayudarán, según los expertos, pero otros problemas persisten.

“Pienso que con esta administración, desafortunadamente, muchas personas tienen miedo de buscar cualquier tipo de servicios sociales o de salud del gobierno”, dijo Ornelas, refiriéndose a la política migratoria del gobierno de Trump.

Existen otras razones por las que una persona podría optar por no recibir la vacuna que van más allá de la raza, origen étnico o situación socioeconómica, según los expertos. Estas incluyen preocupaciones por la rapidez con la cual se desarrolló la vacuna.

Michele Andrasik del Fred Hutchinson Cancer Research Center explicó que el público está preocupado por las variantes del coronavirus y confundido acerca de cuál es el número adecuado de dosis de vacuna.

Pero Morales, de la Universidad de Washington, aclaró que, aunque casi todos los enfermeros y médicos aceptaron recibir la vacuna, aproximadamente el 40% del personal no médico, que trabaja en el hospital y en sus alrededores y tiene contacto con los pacientes, la ha rechazado. Esta cifra concuerda con los resultados de una encuesta nacional realizada por el Pew Research Center. Morales dijo que aproximadamente la mitad del personal está esperando a ver qué ocurre con la vacuna, mientras que la otra mitad dice que nunca se vacunará.

 

Automovilistas entran a un centro de pruebas de COVID-19 en las antiguas instalaciones del programa de emisiones del estado de Washington en Shoreline, condado de King, el 12 de junio de 2020. (Matt M. McKnight/Crosscut)

 

Automovilistas entran a un centro de pruebas de COVID-19 en las antiguas instalaciones del programa de emisiones del estado de Washington en Shoreline, condado de King, el 12 de junio de 2020. (Matt M. McKnight/Crosscut)

Los expertos dicen que es importante reconocer que, al igual que en todas las comunidades, existe una amplia gama de opiniones acerca de la vacuna en las comunidades latinas y negras.

El Dr. Julián Pérez, de los Centros de Salud Comunitarios Sea Mar, que se especializan en atender a mexicanos y otros latinos en el estado de Washington, dijo que los latinos en el norte de Seattle tienden a tener mayores ingresos y trabajar en el sector de la alta tecnología, de modo que tienen la posibilidad de quedarse en casa para evitar el contacto con el COVID-19.

“No tienen prisa de obtener la vacuna. Y si tienen prisa, es porque quieren poder viajar libremente. Quieren poder regresar a sus países, ver sus familias”, dijo Pérez.

“En cambio, los pacientes que atendemos en la clínica no tienen estudios avanzados. No pueden trabajar desde casa. Muchos son jornaleros, y deben aceptar los trabajos que se les ofrezcan”, continuó Pérez.

Estos latinos tal vez sienten más urgencia de vacunarse, según Pérez.

“Resulta difícil aceptar un trabajo cuando estás allí preguntando, ‘¿tienen máscaras? ¿Tienen guantes?’”, dijo Pérez. “‘¿Hay agua y jabón? ¿Dónde me puedo lavar?’”

Pérez y otras personas que trabajan mucho con los latinos dicen que estas comunidades frecuentemente recurren a la fe en tiempos difíciles.

Muchos de los pacientes que atiende “se basan mucho en la fe”, aclaró Pérez. En la ausencia de recursos adicionales, puede resultar difícil para algunos recurrir a los mandatos de salud pública.

“No puedes decir simplemente, ‘Bueno, tengo la imagen de la Virgen aquí en el bolsillo, y ella me protegerá’. Y es que ese es un mensaje muy difícil de comunicar”, concluyó Pérez.

Fred Dubon trabaja con los jornaleros que acuden a la organización sin fines de lucro Casa Latina en el sur de Seattle. Los trabajadores pueden inscribirse en la lista diaria para luego ser enviados a limpiar casas, cortar pasto o hacer otros trabajos.

Dubon dijo que se ha enterado de desinformación acerca del virus que se difunde por WhatsApp, videos y otros medios que alcanzan a muchas personas, incluyendo algunas que, por creencias religiosas específicas, tal vez ya desconfíen de la medicina o ciertas formas de tratamiento.

Y otras personas de distintos países podrían no comprender el concepto de salud pública y que las vacunas sirven para ayudar a proteger a todos.

En algunas regiones de Centroamérica, por ejemplo, “la salud pública realmente no existe. Todos dicen, bueno, si te enfermas, vas a la clínica y esperas que te den lo correcto, que tengan la medicina correcta en la farmacia ese día. De modo que el concepto de que necesitas vacunarte para proteger a todos simplemente no existe”, dijo Pérez.

Con respecto a las comunidades afroamericanas, Clarence Spigner, profesor del Departamento de Salud Global de la Universidad de Washington, dijo que los traumas históricos siguen afectando a las personas que buscan atención médica, desde la forma en que se les ignoró durante la pandemia de gripe de 1918 hasta la práctica de la eugenesia. En un infame ejemplo, en la década de 1930, el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos realizó el Experimento de Sífilis de Tuskegee, en la cual se obligó a afroamericanos a participar sin consentimiento informado ni tratamiento. Spigner explicó que la comunidad médica blanca creía que la enfermedad de transmisión sexual se manifestaba de manera diferente en los negros.

Pérez contó que, en una ocasión, estaba tratando a una paciente negra que dijo temer que la medicina que le iba a administrar fuera experimental.

“Nadie me había dicho eso nunca antes. Yo simplemente me detuve en seco. Puse todas las medicinas a un lado y le dije, señora, eso no es lo que hacemos en la medicina”, recordó Pérez.

Spigner dijo que los negros, al igual que otras comunidades, estarían más dispuestos a participar si vieran a más personas como ellos realizando las investigaciones y ofreciendo educación en salud.

“La increíble infrarrepresentación de los negros como profesionales médicos, investigadores y profesores imparte un terrible mensaje acerca de la credibilidad de cualquier intervención médica”, dijo Spigner. Citó el caso de Ben Danielson, un médico respetado del Hospital de Niños de Seattle que renunció recientemente por lo que calificó de racismo institucional en el hospital, como un ejemplo de la desigualdad en materia de salud y la infrarrepresentación que siguen afectando a las comunidades negras.

Spigner dijo que hay que escuchar y respetar cualquier razón o duda que tengan los afroamericanos acerca de la vacunación.

“No son tonterías de su parte”, concluyó. “Se trata de una población con verdaderas razones para desconfiar del establecimiento médico”.

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